Pont de Molins

El término de Molins (Pont de Molins) se encuentra en el curso medio del río, en una zona de baja montaña, de roca caliza y próxima a la llanura ampurdanesa, donde las aguas descienden suavemente hacia el mar, un área propicia para asentamientos humanos debido a sus condiciones climáticas y a la abundancia de recursos naturales. Podemos afirmar que la zona ha estado habitada desde tiempos muy remotos, especialmente teniendo en cuenta que el caudaloso río Muga atraviesa estas tierras.

Historia

Imaginemos el paisaje de Molins hace unos dos mil años: montañas y colinas cubiertas de encinas, pinos y robles; valles y torrentes donde crecen sauces, olmos, alisos, fresnos y chopos; riberas con pequeñas playas de arena blanca, dejada por las riadas anuales de otoño, y aguas verdosas y claras donde saltaban las truchas y los barbos. Entre todo ello, decenas de aves diferentes, desde el pequeño jilguero hasta el águila y el halcón, y grandes mamíferos como ciervos, uros, el oso pardo buscando colmenas de abejas, los jabalíes y los lobos aullando en las noches de luna llena.

Respecto al poblamiento, conocemos la presencia de una ocupación neolítica en la zona por los restos de una necrópolis (hoy prácticamente desaparecida por la ampliación de la carretera), que se encuentra cerca del Veïnat de Dalt y sobre el núcleo antiguo de Molins, en el camino del Roure. Esta necrópolis puede datarse entre el 2.500-2.000 a. C., es decir, tiene alrededor de 4.000 años. Lo que sí es bastante probable es la existencia de un poblado o poblados de época ibérica (siglo V a. C.) en Molins (se ha encontrado utillaje ibérico en el cerro de la Guardiola). Este hecho implica una continuidad de poblamiento en la zona desde época neolítica: agricultores y ganaderos, con tareas esporádicas de caza y recolección.
Los cambios a lo largo de los siglos II - I a. C. serán totales: es la romanización de este territorio. Nuevas e importantes vías de comunicación, villas romanas, nuevas herramientas, nuevos cultivos, nuevas relaciones, un nuevo idioma y otras costumbres.
Molins se vio profundamente afectado por los cambios, especialmente porque la Vía Augusta (en la Edad Media conocida como camino de la Calzada) cruzaba su término por el este, justo donde termina la montaña y comienza la llanura, un lugar donde había núcleos indígenas autóctonos y posiblemente alguna villa romana.

Lo que sí sabemos con certeza es que en época romana se desarrolla un poblamiento rural a orillas del río y de la Vía Augusta, entre los siglos I – III d. C., siglos de paz. Posiblemente en esta época aparecen los primeros molinos, aprovechando las aguas de la Muga, mientras se modificaron la montaña y la llanura con la aparición de los cultivos (tala de árboles, construcción de bancales, acequias, etc.).
Con la caída del Imperio romano (siglo V) y la época de inseguridad que supusieron los teóricos dominios visigodo y sarraceno sobre el territorio (siglos VI, VII y VIII), es bastante probable que los habitantes de Molins, como los de otros lugares cercanos a la Vía Augusta, huyeran hacia zonas más seguras del interior del país, y que el término quedara prácticamente abandonado. Creemos, sin embargo, que a orillas del río Muga y lejos de la peligrosa llanura, hacia los dominios de la media montaña, continuaron existiendo pequeños núcleos de población. De hecho, se vuelve a un sistema rural primitivo, dominado por la religión cristiana. Sabemos que en Les Escaules, lugar habitado desde tiempos muy remotos y nunca abandonado, existía una comunidad religiosa (cenobio) en época visigoda y sarracena.

A partir de la segunda mitad del siglo VIII el dominio de los francos se acentuó en todo el Empordà y en el año 785 el valí musulmán de Girona se entregó al rey franco Carlomagno. Los llamados carolingios imponen una administración territorial basada en un conde (la máxima autoridad), un vizconde y diversos señores jurisdiccionales. Se levantan los primeros castillos propiamente medievales, cada uno de ellos con su castlán y guarnición. En el ámbito religioso se imponen como obligatorias las reglas de San Benito (benedictinos) para todas las comunidades religiosas.

El Empordà quedará dividido entre dos condados, el de Empúries y el de Besalú. El término de Molins quedaría dentro del territorio de este último, bajo el dominio de la villa y castillo de Llers, en la zona fronteriza con el de Empúries.
Podemos considerar los condados catalanes libres e independientes del vasallaje a los reyes francos a partir de los siglos X - XI. Al mismo tiempo, con la pérdida de autoridad de condes y vizcondes, los nobles y abades se convertirán en señores absolutos de sus territorios, con jurisdicciones propias y dominio sobre sus habitantes, con un poder prácticamente sin límites, ejercido desde sus poderosos castillos o monasterios. Toda una cadena de vínculos que se conoce como feudalismo (encadenamiento de vasallajes), con unos privilegiados (nobles y eclesiásticos) y unos no privilegiados (campesinado) sometidos al pago de censos en dinero o especie a sus señores, además de tener que soportar derechos feudales y otras vejaciones por razón de vasallaje. Es el feudalismo, plenamente vigente en el Empordà a partir del siglo XI.

En lo que respecta a Molins, a partir del siglo X podemos hablar de un núcleo de población cercano a la orilla izquierda de la Muga, que pertenecía a la jurisdicción del poderoso castillo de Llers y que recibe el nombre de Molendinos (974) o Molinos (982). Núcleo de campesinos, con campos de secano, huerta, animales domésticos y molinos, además de sus masías. Núcleo sobre el que dominaba en los siglos X-XI el monasterio de Sant Pere de Rodes y donde se levantarían los castillos de Molins y de Montmarí, y más tarde el priorato agustiniano de Santa Maria del Roure. Entidades feudales que dominarían el término, siendo la más importante el priorato del Roure, ya que sus pabordes cobraban aún censos en el siglo XIX.

En el siglo XIII el pequeño vecindario de Llers, Molins, se vio afectado por el paso de los ejércitos del rey francés Felipe el Atrevido, en la cruzada contra Pedro el Grande. Subieron desde Molins a Llers para tomar su fortaleza y suponemos que el castillo de Molins también fue afectado por los acontecimientos. En este siglo ya encontramos como titulares de la baronía y castillo de Llers a la importante estirpe ampurdanesa de los Rocaberti.
Del siglo XIV son las primeras noticias escritas de la población (Libro de los racionarios de la villa y castillo de Llers, Gregori Pallisser), donde se habla de los castillos de Molins y de Montmarí, y del Priorato del Roure, además de un censo de población entre el que vemos algunos de los apellidos con más historia de Molins, como Buach, Jordà, Romaguera o Pujol.

Las guerras de los remensas en el siglo XV (1462-72 y 1483-86) afectaron de nuevo a la población, especialmente a los castillos, ya que ambos serían definitivamente abandonados en el transcurso de este conflicto. A pesar de todo, y tras la Sentencia Arbitral de Guadalupe (1486), el campesinado quedó libre y a partir del siglo XVI encontramos en Molins unos campesinos ya fuertes, con propiedades y masías importantes.

En el transcurso de los siglos XVI y XVII se reforman y amplían las grandes masías que encontramos hoy en día, además de construirse nuevos molinos o rehacer otros. A pesar de que toda la población vuelve a verse afectada por la guerra, de hecho un conflicto continuo desde la Guerra dels Segadors (1639-1652), las posteriores ocupaciones del Empordà por los reyes Borbones franceses, en su conflicto con los Austrias españoles, y finalmente la Guerra de Sucesión (1704-1714), ya en el siglo XVIII. La proximidad del camino real y del puente era un peligro constante para los habitantes de Molins.

A partir de 1720 hubo paz, lo que aprovecharon los campesinos de Molins para liberarse en buena parte del dominio señorial y convertirse en campesinos propietarios con cierto poder económico. Consiguieron asimismo que la autoridad religiosa separara los términos eclesiásticos de Molins y Llers (1784), con lo cual Molins tuvo iglesia parroquial propia. Sin embargo, a finales de siglo estalló otra guerra, y esta afectó de forma mucho más violenta a sus habitantes: la llamada Guerra Gran (1793-95), entre Carlos IV y la República francesa. El 20 de noviembre de 1794 se produjo la sangrienta batalla del Roure, desastrosa para el ejército español y en la que murió el capitán general de Cataluña, conde de la Unión. La gente de Molins huyó aterrorizada, abandonándolo todo, y los republicanos franceses ocuparon el pueblo, saqueándolo.

En el siglo XIX la población se vio de nuevo afectada por la Guerra del Francés (1808-1814), especialmente porque algunos de sus habitantes fueron conocidos guerrilleros. A pesar de ello, es en este siglo cuando consiguen independizarse de Llers y tener un municipio propio reconocido (1820), siendo el término municipal del nuevo pueblo, ahora Pont de Molins, la unión de los términos de los castillos de Molins y de Montmarí. Es también en este siglo cuando algunas de las familias más relevantes pasan a ser reconocidas como campesinos hacendados.

Ya en el siglo XX encontramos una población básicamente agrícola en crecimiento, especialmente en los alrededores del puente y de la carretera general hacia Francia. Con la aparición de un sindicalismo agrícola fuerte y la construcción del Sindicato Agrícola Ricardell. Pero, una vez más, Molins se vio afectado por un conflicto: la Guerra Civil (1936-39), la huida hacia el exilio y la difícil posguerra.

Olvidado el franquismo, a partir de 1977 y con la democracia Pont de Molins tomará un nuevo camino hacia su consolidación como municipio de la comarca del Alt Empordà, que lo ha llevado hasta el día de hoy.

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